29 octubre 2007

El sobrino de Rajoy


Aunque lo parezca, no me equivoqué con este titulo. Ya sé que todos han hablado del primo de Rajoy, y se han hecho todo tipo de comentarios, críticas y bromas a este respecto, pero yo vengo a hablar del sobrino de Rajoy. Ya verán por qué.
Esta semana, el (in)cuestionado líder del Partido Popular de España, el mismísimo Mariano Rajoy ha aparecido con una declaración, al menos, curiosa. Este personaje no deja de sorprender a propios y extraños, aunque los propios procuren disimular su estupor y asombro. El susodicho, al ser preguntado por el cambio climático, manifestó literalmente(1):
“Y ya le digo, yo de este asunto sé poco, pero mi primo supongo que sabrá, claro, oiga, he traído aquí a diez de los más importantes científicos del mundo y ninguno me ha garantizado el tiempo que iba a hacer mañana en Sevilla'. ¿Cómo alguien puede decir lo que va a pasar en el mundo dentro de 300 años?, no lo sé, es un asuntos al que hay que estar muy atentos, pero tampoco lo podemos convertir en el gran problema mundial".

Nada mas y nada menos. Pues éste es el candidato a presidente de España por el segundo partido más votado en las últimas elecciones. Luego, nos atrevemos a menospreciar a los políticos de esos mal-llamados países en desarrollo. Teniendo en casa lo que tenemos, no me atrevería a abrir la boca del jersey del Evo o de los cánticos de Chávez en su Alo Presidente.
La insensatez de las declaraciones no solo se justifican por su contenido, que no es poca cosa, sino por el momento. Mariano Rajoy dice todo esto a la par de la llegada de Al Gore a España para recoger el premio Principe de Asturias por su contribución al debate sobre el cambio climático. Este recién premio nobel (o noble, es cuestión de mover la “l” de sitio) le respondió en Oviedo con una broma sobre si alguien cuestionaría la ley de la gravedad al dejar caer un bolígrafo. Aunque tampoco es que Al Gore esté para dar lecciones de casi nada después de: a) haber sido corresponsable no precisamente de paz en las guerras de Yugoslavia, Albania, Sudán, Afganistán, Irak, Haití, Zaire, y Liberia, b) haber utilizado uranio empobrecido en esas guerras, c) cuando no firmó el protocolo de Kyoto, d) cuando Estados Unidos era y es el primer país contaminador, e) haber vendido más de 30.000 copias de su documental “Una verdad incómoda” al gobierno español a 18 euros cada una, y f) haber cobrado por sus conferencias la injusta cifra de 200.000 euros.
El frívolo comentario de Rajoy fue inoportuno por esta coexistencia con Al Gore, pero además, coincidió en el momento donde su supuesto homónimo en Francia, esta vez presidente, Sarkozy anunció fuertes medidas precisamente teniendo muy en cuenta el cambio climático, y a par de que la presidenta alemana, Angela Merkel, hiciera todos los honores al disparato premio noble (ya cambié la “l” de lugar).
Pero si esto fuera poco, aún hubo más, la presidenta de la Comunidad de Madrid, la mismísima Esperanza Aguirre dijo “compartir todas y cada una de las opiniones del presidente del Partido Popular, y singularmente la que se refiere a las repercusiones del cambio climático”. María San Gil, presidenta del PP en el País Vasco, sigue en esa línea hablando de “no dramatizar e torno al calentamiento global”. La lista sería interminable...
Fue un episodio demasiado guiñolesco de Mariano Rajoy, se imitó mejor que ninguno de los guiñoles habidos y por haber (2).
Todo esto, ¿a que venía? Ah, si. Quería hablar del sobrino de Rajoy, y no del primo. Conocí justamente en esta semana (del primo) al sobrino de Rajoy. Sería mejor decir que descubrí al sobrino de Rajoy esta misma semana, porque conocer ya lo conocía desde hace tiempo. Esta semana, con tanto hablar del primo, se hizo eco el apellido del dichoso primo, Brey, que reside en Sevilla y es profesor de la Universidad de Sevilla. Caí en la cuenta que un conocido mio, tanto en mi época de Barcelona como ahora en Sevilla, se llama Brey. Pregunté en los cotillas pasillos de cualquier trabajo. Efectivamente, conozco al sobrino de Rajoy. Curiosamente el mismo día de las declaraciones de su primo, su sobrino me llevó a casa después de jugar a básquet, y yo sin saberlo. Gracias al primo, conocí al sobrino. ¡Qué cosas tiene esta vida!

(1) Declaraciones de Mariano Rajoy:
http://www.youtube.com/watch?v=iENpwqNU9-I

(2) Uno de los guiñoles de Rajoy:
http://www.elpais.com/comunes/2005/guinol/pop_rajoy.html

15 octubre 2007

De las polleras a los trajes de gitana


De Bolivia a Andalucía. De Sucre hasta Sevilla. Un cambio drástico en estos últimos meses. Dos ciudades bien distintas unidas por la historia. Lo que la “colonia” unió, que no lo separe el hombre. Algo así, imagino, habrían proclamado tanto la Corona como la Iglesia en esos tiempos de conquistas. Sucre y Sevilla, tan distantes como cercanas.
Ese pasado colonial que ató a ambas ciudades es tan reciente para mi... . El año pasado, por estas fechas, ya estaba en Sucre. Curiosamente, el 12 de Octubre asistió al teatro mariscal para asistir en vivo y en directo a la Asamblea Constituyente. Ese día, su día de la raza, todos allá interpelaban al estado colonial, criticaban su expoliación, hablaban “mierda” de los españoles y gritaban a favor de la descolonización. Y yo, aguantando tal chaparrón. Este año estoy al otro lado del charco. Debería de decir que casi estoy, porque ese día (de la hispanidad para los de acá), estaba en otra ex-colonia, pero esta vez échenle la culpa a los franceses.
Sevilla y Sucre, día de la hispanidad y día de la raza, ¿qué querrá decir eso del, día de la raza? ¿Quién se atreve a hablar de tal condición en estos tiempos? ¿Qué querrá decir eso de la hispanidad? ¿Habrá que ser más español ese día que otro? No tengo idea, pero yo no celebro ni uno ni lo otro.
De Sucre a Sevilla, de los jugos del mercado a la cervecita de terraza, de la Paceña a la Cruzcampo, del restaurante de Roberto de la Recoletas a mi nuevo bar de la esquina.
De la calle Dalence a la Alfalfa. Del café de la Posada a las tapitas. De los bancos de la plaza a la Giralda. De los paseos caminando al carril bici. Del parque Bolivar a los jardines de Murillo. Del Cerro Rico al Guadalquivir. Mismo origen y destino del antiguo camino de la plata, o no tan antiguo. Aunque ahora, me contaron en el Palacio de la Moneda de Potosi, que la moneda se hace y se acuña en España, y se manda para Bolivia. Paradojas de esta vida.
Pasé de la pollera a los trajes de gitana. Trajes de flamenca que todavía no caminan, aún se muestran el las cristaleras de muchas tiendas a la espera de alguna sevillana con ganas de feria.
Ya termino, y quiero hacerlo con una frase recién escuchada en la radio. Alguna vez la había oido pero nunca en la boca del discutido Rey citando a Rubén Darío, "Españoles de las Américas y americanos de España". Sin comentarios, vosotros mismos.

14 octubre 2007

Visto y no visto

Esta vez perdí la batalla, que no la guerra. Siempre no se puede ganar, y como dicen los perdedores, “hay que saber perder”.
Mi primer viaje a Africa fue un hecho. Se consumió el deseado acto, pero con eyaculación precoz. Me explico.
Todo comenzó según lo previsto. De Sevilla a Madrid, y de Madrid a Dakar. Primera vez que ponía el pie en continente olvidado. Por cuestiones aéreas, Senegal era el paso intermedio antes de llegar a Costa de Marfil. Serían las 21.30h, bajaba por las escalerillas con muchas ganas e ilusión. El calor africano me dio la bienvenida. Primer control de pasaporte, todo en orden. En esa fila de espera, me hago el primer amigo viajero, Quique, un ex bombero, es auditor del servicio de Iberia, productor y actor. Nada mas y nada menos. Todo un personaje. Siguiente estación, cambiar dinero y agarrar un taxi. Lo primero, fácil. Lo segundo, no tanto. Un número indeterminado de negros, muy negros, esperaban ávidos de turistas blanquitos como yo, y mi reciente amigo. Una algarabía indescriptible con el único objetivo de meterte en su coche. En esa marabunta de gritos, aparece un señor de blanco inmaculado, o sea, con una túnica blanca pero él era muy negro. Procura poner orden donde no lo había. No lo puso, pero consiguió negociar un precio y meternos en un destartalado taxi. A pesar del estrés, todo aquello me hizo reír. De ahí, al hotel. Mi novedosa hipocondría me hizo ponerme algo de manga larga, lavarme los dientes con agua embotellada, tomar mi pastilla para la malaria, y dormir con aire acondicionado y bien tapadito. Todo un blindaje. Primera noche africana con ofrecimiento de puta incluida. Fue bajar a recepción y toparme con la oferta tan sorprendente como desestimada.
A la mañana siguiente, dí una vuelta para ver como estaba ese patio africano, otro mundo. Luego, taxi de carretera, y para el aeropuerto. Otro vistazo a esa Africa desconocida. Impresiona tal imagen desolada. Me llamaron la atención los trajes de las mujeres, todas muy elegantes. Tenía ganas de más, de mucho más.
Mas tarjetas de embarque, documentos a rellenar y control de pasaporte. Dirección a Abidjan, con escala inesperada en Mali. Cada vez, más cerca del objetivo: pasar unos días con Sandra, y descubrir lo ignorado. Otro pie en otro país, Costa de Marfil. Mejor dicho, un pie en la zona de tránsito que te permite (o no) entrar a este país de las lagunas.
¿Se acuerdan ustedes del Sargento Ramírez? Ese mismo que casi me impide salir de Bolivia para Buenos Aires. Todo un santo al lado del que me tocó. El de ahora, era más alto, más negro, más africano. Ah, y mucho más cabrón. ¡Lo que es capaz de hacer el relativismo! El sargento Ramírez pasó del infierno al cielo en un santiamén. Todo un bendito ese añorado sargento Ramírez.
Este Schwarzenegger africano no me dejó pasar. Me pidió visa, no me dejó hablar, me gritó, casi me empujó, me obligó literalmente a meterme en el avión de vuelta. En resumen, me expulsó. Su rencor, su furia, su mala leche y su complejo de super-black-man era latente. ¿Será que el afecto del ramadán? ¿será los efectos todavía de la colonia francesa? No sé, pero de algo estoy seguro, era un tipo cruel como él solo. Mis intentos, los del personal aéreo, los de Sandra al teléfono no quebraba lo más mínimo a su hirviente y recalcitrante mala onda. En todos los lados, cuecen habas. Este era negro, pero podría haber sido blanco o amarillo. Me vine abajo, me desvanecí. Ya no podía más. Se me cayeron todos los palos del sombrajo. Esta vez, este capítulo, este ya habitual pasaje “alfrediano”, no tuvo final feliz. Casi sin creerlo me vi en el avión de vuelta a Dakar (Senegal).
¿Me podría haber quedado? Si, el piloto, el único blanco en aquel mundo de negros, me dijo que estaba en mi derecho, pero claro, era quedarse en manos del salvaje policía. Mejor no. Me vuelvo a casa sano y salvo. La imagen no tenía desperdicio. A un lado, el piloto y sus azafatos/as, todo el avión completo, yo en medio del finger con la pelotita votando en mi tejado, que si o que no, entre quedarme e irme. Al otro lado, me esperaba el gorila negro. Solo tenía cuatro días allá, y no quería pasarlo bajo sus órdenes. Prefería cuidar mi integridad y las posibles preocupaciones de Sandra.
Ese amargo camino de vuelta, con agotamiento, impotencia y desazón, me pregunté de todo. ¿Cómo se sentirán tantos y tantos deportados? Yo vuelvo a casa, a mi vida, a mi trabajo que me gusta, con mi familia, a una vida feliz, y además, puedo volver acá en un mes, con visa incluida,… ¿qué más se puede pedir? Si, haber visto a Sandra, haber evitado este mal trago, pero de todo se aprende. Hasta me reiré cuando pasen unos días. Ya me estoy riendo de verme delante de aquel negrazo gritándome, yo diciéndole, no me toques, jaja…. Acá no funcionó exigir hablar con su superior y pedirle su nombre. Como ya diré en un próximo escrito, suele funcionar, pero no siempre.
Otra vez en Dakar, y presumiblemente tenía que pasar tres días allá, hasta la fecha de mi verdadero vuelo de vuelta. Otro reto, irme esa misma noche con el vuelo que sale en tres horas. Me río por no llorar. En Dakar, en un aeropuerto escuálido y caótico, a buscar el delegado de Iberia, y contarle esta surrealista película. Por fin, llega. También muy negro, muy fuerte, muy africano. Todo contado, con pelos y señales, y todo solucionado. La otra cara de la moneda. Era toda comprensión, amabilidad y facilidad. En todos los lados, hay buena gente, éste era negro, podría haber sido blanco o amarillo.
Después, avión para Madrid, dormí como un bebé. Otro aeropuerto, varias horas de espera antes de aterrizar de donde salí, Sevilla. Escribir y los poemas de Miguel Hernández me hicieron disfrutar de las horas muertas (o vivas) de los aeropuertos.
Visto y no visto, otra vez será. Otra cosa para contar, aunque hubiera preferido no contarlo.
El día de la hispanidad o de la raza, me tocó así, ¿será la venganza del Moctezuma africano?
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